domingo, abril 24, 2005



Desde lo más alto miro hacia el pavimento y sólo veo como cae la lluvia. Cada gota me roza y me acaricia pero termina aplastada contra las piedras de la ciudad. Siempre la misma historia, siempre el mismo ciclo. No hay modo de que la lluvia se suspenda en el firmamento.

Algunas gotas resultan familiares, otras sólo lo parecen y aún hay unas terceras que, sin serlo, nunca lo fueron. Y mientras la lluvia se estrella contra la cúpula celeste, mientras cada gota se suma al Oceano de Erebus, cada tonelada de agua y cada sima inalcanzable me da fuerza, me impulsa a seguir adelante. Cada gota de carmín es un dedo más sobre el precipicio y con la culminación del viaje se alcanza una nueva meta y un nuevo miembro desgarrado que sanara para dar paso a las escamas del dragón que repta entre los ladrillos de la ciudad, cada vez más hambriento, cada vez más pesado.

La derrota no da paso al final, es tan solo el principio. Y con todo principio se crea el final de algo, un ciclo eterno de empezar para poder dar fin.

Todo gira en torno a la Espira de Nix, el crepúsculo es sólo la luz de un nuevo amanecer.

Al iniciar el viaje, 'The Heart of Darkness' by Joseph Conrad; en el ojo del huracán 'Montecristo' by Kasamatsu Kouji;